Entre cachorros, peleas, y actividades ilícitas

Las peleas de perros aún se suscitan en la Isla de la Juventud, estas son ajustadas como medios de exhibición y negocios en vallas o casones para los combates; los enfrentamientos preferentemente los fines de semanas suelen montarse en espacios alejados de las comunidades, y en lugares de difícil acceso, algunos de ellos propensos a la antisocialidad.

Existen lugares más propensos para esta actividad ilícita, rápido nos respondieron que en solares apartados del reparto 26 de Julio o en Sierra Caballo se arman estos tipos de coliseos y algunos con normas para su participación. Allí los implicados apuestan y ganan grandes sumas de dinero y en estos espacios acuden personas sin escrúpulos que saben que el desenlace final de esta actividad casi siempre es la muerte del animal.

Supimos de animales que por largo tiempo reinaron en estas lides, entonces contactamos con Reinaldo, un joven que se mueve en el ambiente, pero dice no comparte este tipo de peleas: “Lo mío no va con la muerte de nadie”, dijo.

De inmediato Reinaldo manifestó. “El momento de las apuestas es uno de los más tristes dentro de una pelea de perros, si es que puede decirse que hay un momento menos brutal. Dueños y espectadores se gritan entre ellos, el banquero con la plata en el bolsillo piensa cuánto dinero perderán los que apostaron al perro que acaba de soltar una oreja, o un pedazo de piel, el que está más débil…”. Pero al final todos pierden.

A Reinaldo lo acompaña Osmany, quien no participa por la negativa de sus padres a que él se involucre, sin embargo, bien conoce de estos avatares. “Los que apuestan ponen dinero en cada perro, en el suyo, y en el otro. Buscan siempre la manera de ganar. En ese mundo, no importa el sacrificio de un animal que no eligió morir como un perro”.

Elizabeth, una señora que ronda los 60 años, vive por las márgenes del Rio Las Casas hace cerca de cuatro décadas, al preguntársele sobre el tema advirtió:

“Periodista tenga cuidado que los que están en este tipo de cosas generalmente son agresivos y para ellos las peleas de perros son un negocio, ahí corre dinero y esa gente son tan animales como los mismos que ellos echan a pelear”.

Nos contó sobre un caso de ataque de perro a un niño, que por descuido se le escapó al dueño y el menor quedó prácticamente desfigurado, para ella quien se dedica a este tipo de cosas, con el tiempo comienzan por agredir a las mascotas y es muy difícil que no terminen haciéndolo también contra un ser humano.

La policía actúa en virtud de las leyes implementadas en el país para la protección animal, muchas veces se procede al decomiso del animal y la aplicación de sanciones a los responsables, pero el problema tiene otras aristas.

En Cuba existen varios mecanismos legales que permiten evitar la impunidad de quienes entrenan, coordinan, organizan las apuestan y recepcionan dinero durante las peleas clandestinas de perros.

Hoy la policía enfrenta el maltrato animal, sobre todo el más representativo, el que más la población repudia, pero llama la atención que estos animales que de por sí son de raza, su crianza se ha proliferado, basta caminar estos barrios para ver una cantidad considerable de ellos acompañados por sus dueños, y en verdad aterrorizan a cualquier transeúnte.

En estos lares se conoce que un cachorro de estos animales cuesta entre 3 mil y 4 mil pesos y su crianza otra suma considerable de dinero.

Contra los responsables de tan salvaje práctica se aplican medidas severas sobre la base de lo establecido en nuestro Código Penal, en correspondencia con la tipicidad delictiva, sin embargo, en voz de quienes nos narraron estas historias, no todos los que pudieran accionar para acabar con este fenómeno, hacen lo necesario para poner fin al maltrato animal.

Nota: Los nombres mencionados son alias, cuidando la identidad de las personas.

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