Una mirada a cómo incentivar los deseos de aportar

El bienestar y la felicidad son aspiraciones del ser humano y dependen de un abanico de opciones que no todas se relacionan con lo material.

Todos tenemos conciencia, sentimientos, emociones y necesidades que son un reflejo de la realidad que vivimos. En ella somos capaces de trabajar, interactuar y transformar; y en ese quehacer suelen aparecer anhelos y metas de índole espiritual.

El primer impulso de las personas al vincularse a un trabajo está relacionado con la búsqueda de un salario que permita satisfacer sus necesidades básicas, pero ¿este es el único móvil?, ¿la única aspiración?

Puede que para algunos sí, pero no para la mayoría. Para nadie es un secreto que sentirse útil, formar parte, ser escuchados y tener la posibilidad de hacer sin trabas ni puertas cerradas potencia las motivaciones, la auto confianza y los deseos de aportar.

Por ello es justo tener en cuenta el reclamo del presidente, Miguel Díaz Canel Bermúdez, cuando pide ampliar las oportunidades sobre todo a los jóvenes, respetar su derecho a participar en la toma de decisiones en los espacios donde se desenvuelven, darles responsabilidades y estimularlos por lo que hacen bien.

Las necesidades materiales están, e insisto en lo complejo del momento. Por lo mismo es que al principio de este comentario me referí al bienestar y la felicidad, cuyo logro no sería posible sin ese abanico de opciones al cual me referí también. Y no hablo de ofrecer lo que sabemos es imposible por el momento.

Darle opciones, especialmente a la juventud, va desde contar con ella hasta evaluar y dar riendas sueltas a sus proyectos desde sus potencialidades e inteligencia.

Recordemos que una persona inmóvil o con pocas oportunidades no se desarrolla, minimiza el conocimiento y asume una concepción muy estrecha de sí misma y del mundo que le rodea. No queramos eso para los hombres y mujeres del mañana.

¿Posibilidades? Sí las hay. Solo que debemos saber identificarlas y abrir el acceso a ellas. Así existirían menos posibilidades de equivocar el camino. Repito, sí las hay, al menos del tipo que refuerzan las ganas de echar para alante.

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