Declaración de Santiago de Cuba: digna respuesta a una farsa

Hace 58 años -el 26 de julio de 1964- el pueblo cubano expresó libremente su vocación revolucionaria al aprobar la Declaración de Santiago de Cuba, durante el acto central por el Día de la Rebeldía Nacional celebrado en la heroica urbe oriental, y en respuesta a acciones y medidas hostiles e injerencistas tomadas por la Organización de Estados Americanos (OEA) contra la Isla, cinco días antes.

Los santiagueros, tras escuchar la propuesta del Comandante en jefe Fidel Castro, vibró nuevamente y la aclamó en nombre de todos sus connacionales, tal y como había ocurrido antes con la Primera y la Segunda Declaración de La Habana y en otros consensos que reflejaban el respaldo popular a la marcha pujante de la Revolución desde el Primero de Enero de 1959.

La Primera Declaración de La Habana, aprobada el 2 de septiembre de 1960 y la Segunda, aclamada igualmente el 4 de febrero de 1962, en actos de asistencia multitudinaria y combativa en la entonces Plaza Cívica José Martí, revelan a los ojos de la historia la temprana agresividad y traición de la OEA , que siempre ha respondido a los intereses del imperio.

En 1964 las nuevas infamias del también conocido como Ministerio de Colonias, anunciadas en una Declaración mediante una reunión de consulta con cancilleres del área, establecían la ruptura de relaciones diplomáticas y consulares con Cuba, a lo que sumó acuerdos que concretaban la suspensión del intercambio comercial y el transporte marítimo entre su membresía y la nación antillana. No se descartaba que tal cerco y aislamiento facilitaría una nueva incursión armada.

El chantaje y las presiones habituales en los métodos persuasivos de Estados Unidos no surtieron allí todo el efecto que pretendían, aunque más adelante sí lo consiguieron con la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y caribeños, salvo la excepción digna de México, país hermano que mantuvo su embajada en La Habana.

Durante el acto revolucionario del 26 de julio en Santiago de Cuba, Fidel ofreció al pueblo detalles de la IX reunión de la OEA que se había pronunciado contra Cuba. Habló de las presiones de EE.UU. y de que solo México, Chile, Uruguay y Bolivia no habían votado esas sanciones. Como se sabe, luego solo pudo sostenerse la excepción honrosa conocida.

Fidel Castro se refirió a la espuria Declaración al pueblo cubano emitida entonces por la OEA, en la cual satanizaba al proceso revolucionario llamándolo dictadura que renegaba de las tradiciones cristianas y democráticas de las naciones americanas, al tiempo que reconocía su derecho a actuar en consecuencia.

Luego de situar en contexto la maniobra ofensiva y neo colonizadora, el Líder cubano propuso al pueblo de Santiago, en respuesta, una Declaración de 12 puntos. Tras su lectura, expresó:

“Así que esta es la Declaración, que la sometemos a la consideración del pueblo, para que sea promulgada como la Declaración de Santiago de Cuba, en digna respuesta a esa farsa, a esa comedia, a ese show, a esa maniobra de nuestros enemigos”.

En el texto se resumía que resultaba cínico y sin precedentes que los victimarios se reúnan para juzgar y sancionar a la víctima de sus acciones. Lo real era que Estados Unidos, en complicidad con los gobiernos de Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela, Puerto Rico y otros, había introducido en Cuba millares de armas y toneladas de explosivos para promover la subversión y el derrocamiento de la Revolución, apuntó el líder.

Y más, pues “… en el territorio de Estados Unidos, y en el propio ejército de ese país, así como en los territorios de Nicaragua, Guatemala, Costa Rica y otros países de la cuenca del Caribe, se han organizado y entrenado millares de mercenarios que se han empleado y aún se emplean en actos de agresión contra Cuba”, añadía en la Declaración.

Citamos de nuevo el histórico texto, en su punto 4: “ (…) como es conocido por toda la opinión pública mundial, desde bases situadas en esos países se organizó la expedición de Playa Girón, que costó al pueblo de Cuba más de un centenar de vidas y enormes pérdidas materiales y que, desde bases situadas en esos países, se han llevado a cabo, impunemente, decenas de ataques piratas por mar y por aire, contra puertos, centros de población e instalaciones económicas de Cuba”.

Igualmente se aportaron elementos sustentadores de que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) había introducido en el territorio nacional centenares de agentes especialmente entrenados para realizar sabotajes y otros actos de vandalismo, como el asesinato de maestros, de jóvenes alfabetizadores, de humildes obreros y campesinos, en actos de feroz y brutal venganza contra el pueblo revolucionario.

Fustigó las millares de provocaciones que habían incluido hasta entonces el asesinato de un soldado y heridas a otros dos por disparos realizados desde la Base Naval de la Bahía de Guantánamo, territorio de Cuba que ocupa por la fuerza el Gobierno de Estados Unidos.

También se denunciaron las violaciones del espacio aéreo por parte de aviones del ejército estadounidense, en flagrante contravención de las normas más elementales del Derecho Internacional.

Finaliza:” (…) el pueblo de Cuba repudia las insolentes amenazas de agresión armada contenidas en ese infame documento y advierte que no es lo mismo disparar a mansalva contra un pueblo desarmado, como ocurrió en Panamá, que invadir a un pueblo armado y dispuesto a derramar en defensa de la patria hasta la última gota de su sangre.”

La Declaración de Santiago de Cuba patentizó la convicción de Cuba de que los obreros y campesinos de los pueblos oprimidos del continente, cuyos gobiernos votaron contra la isla, sabrían revelarse en su momento y echar por la borda a los esbirros y entreguistas de sus países, algo muy lejos de las consecuencias esperadas ante el llamado hecho por el documento imperial para atizar la contrarrevolución cubana.

Cuba apoyaría siempre la justa lucha de los sufridos hermanos del continente.

Mirando hoy el acontecer de la región en tiempos recientes e incluso los descalabros de la última Cumbre de las Américas, estas palabras de entonces podrían resultar premonitorias: “¡Llamamiento contra llamamiento! –dijo Fidel- Y veremos quién tiene la razón; veremos de qué lado está la historia, si del lado de ellos o del lado nuestro; veremos si ellos pueden destruir la Revolución, o si los pueblos destruyen a la reacción y al imperialismo”.

No caben dudas de que el 26 de julio de 1964 fue fiel a la estirpe combativa y corajuda de los hospitalarios hijos de aquella tierra y de los héroes de la Generación del Centenario, quienes no dejaron morir al Apóstol desde 1953. En Santiago de Cuba se elevó nuevamente el alma de Cuba y el epicentro de la Revolución, como tantas veces, en marcha indetenible. Y todos los cubanos fueron uno.

Tomado de ACN

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