José Maceo, invencible en la memoria

Por parajes orientales, bregando con su tropa, se encontraba José Maceo el 5 de julio de 1896. Cuentan que se entabló férreo combate con fuerzas españolas, y que poco tiempo después los soldados, estupefactos, vieron cómo el general se desplomaba de su caballo.  

Hace 126 años de aquel suceso, pero permanece en la memoria como una pérdida de todo el pueblo cubano; y cada aniversario deviene recordación.

José fue el tercero de los hijos de la familia Maceo Grajales. El desarrollo familiar sencillo, donde la honestidad y el amor a la libertad fueron presencia permanente, definieron su personalidad.

Con solo 19 años se sumó a la Guerra de los Diez Años. El uso del fusil, el manejo del machete y la madurez de su pensamiento fueron factores influyentes para que muy pronto se convirtiera en el guerrero que fue ascendiendo de soldado a Coronel, tras la Protesta de Baraguá; y después a General.

Se ha dicho que era muy temperamental, razón que lo llevó a un duelo con Guillermón Moncada. Así mismo aseguran que alegraba las noches en campaña con su guitarra, y que en algún combate mereció que lo apodaran “El León de Oriente”, como se le identifica  aún, a más de un siglo de su caída.

Por la Loma del Gato, en su oriente natal, bregaba con su tropa aquel infausto 5 de julio. Se hizo fuego y los soldados vieron caer el revolver que tenía en la diestra. Horas después se sintió el gran vacío que dejara José Maceo en las filas del Ejército Libertador, y se volvió invencible en la memoria del pueblo cubano.   

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