Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, cantor de la cubanía

“Con un cocuyo en la mano / Y un gran tabaco en la boca, / Un indio desde una roca / Miraba el cielo cubano. / La noche, el monte y el llano / Con su negro manto viste, / Del viento al ligero embiste / Tiemblan del monte las brumas, / Y susurran las yagrumas / Mientras él suspira triste”.

Hace 193 años del natalicio del hombre que se inspiró en Hatuey y Guarina para dibujar con palabras la esencia de la cubanía. Juan Cristóbal Nápoles Fajardo fue su nombre, el pueblo lo bautizó como “El Cucalambé”, y así quedó en la memoria de la nación. Vino al mundo en la antigua provincia Victoria de Las Tunas, en donde creció y fue educado por su abuelo materno, quien lo dotó de los mejores libros y quizás por eso desde pequeño dio señales de tener aptitudes para la prosa y la poesía.

“A la orilla de un palmar / Que baña el fértil Cornito / A la sombra de un caimito / Tengo mi rústico hogar. / Esbelto como un pilar / Domina montes y llanos / El viento arrulla los guanos / De su bien hecha cobija, / Y esta habitación es hija / De mi ingenio y de mis manos”.

En el ingenio El Cornito, en las afueras de la ciudad, vivió hasta los 29 años. Las tierras, los sonidos del monte, su esposa Rufina y la gente que habitaron aquellos lares fueron sus más fieles musas para creaciones como “Flores del alma” y muchas otras que engrosan su obra compuesta por sonetos, programas, leyendas en versos y prosa periodística. Un día decidió mudarse con toda su familia a Santiago de Cuba en busca de mejoría económica. Allí trabajó en varios oficios sin dejar de hacer poesía hasta que desapareció sin dejar huellas a finales del año 1861, a la edad de 32 años; y dejando una estela de leyendas sobre su muerte. El Cucalambé quedó en el recuerdo, en toda Cuba. Su obra ha resistido el paso del tiempo hasta estos días, en que se lee, canta y estudia como reflejo de una época y las raíces de donde venimos y lo que somos.

“Hay pocas habitaciones / Tan firmes como la mía. / Cuando la tormenta ruge / Cuando llueve y cuando truena, / Ella resiste serena / Del huracán el empuje.

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