Los años pasan como si nada, el siglo pasado ya es historia; por eso mismo hay que volver de nuevo a los orígenes, para saber de dónde venimos y hacia dónde iremos.
En 1951, hace 70 años, comienza una de las proezas musicales más resonantes del siglo XX; algunos le llaman la década de oro, la belle epoque de la música popular cubana.
En realidad, esa década fue como la culminación de más de un siglo de música, momento en que empiezan a cuajar los ritmos nacionales y de casi todo el continente. A la vanguardia estaba y está Cuba, quien influyera a muchos de los géneros musicales del siglo XX.
Para comprender lo que estoy diciendo, les comparto las palabras de uno de los estudiosos más fuertes de la salsa latina: César Miguel Rondón, quien escribió en su obra El libro de la salsa (Caracas, Venezuela, p. 5), estas reveladoras palabras que debemos agradecer mucho.
En la década de 1950 Cuba seguía siendo el centro de la música caribeña, el toque último seguía estando en la Isla grande: el Norte único era emular el sonido y sabor cubanos, y la meta definitiva superarlos, cualquier otra alternativa se descartaba de antemano. Y es que Cuba, viviendo de la farra permitía el cultivo de las más diversas manifestaciones y estilos. El mambo, el chachachá, las colosales orquestas de charanga: Melodías del 40, Arcaño y sus Maravillas, Ideal, Belisario López, América, Jorrín, Fajardo y sus Estrellas, Aragón, Sensación, Neno González. La rumba estrepitosa, las grandes orquestas de jazz band como Casino de la Playa (Miguelito Valdés) Lecuona Cuban Boys (Armando Oréfiche), Pérez Prado, Benny Moré.
Y no es cuestión de afirmar que sólo Cuba poseía ritmos de valía o de interés entre los diversos países de la región –sigue escribiendo Rondón–, se trata simplemente de entender que Cuba logró reunir todas las condiciones necesarias para convertirse en el centro musical del Caribe. Sería muy difícil desarrollar e imponer internacionalmente ritmos que no tuvieran la marca del son. Las bombas de Ismael Rivera, de Puerto Rico, fueron rematadas con montunos cubanos. La cumbia colombiana quedó reducida al folklore, lo mismo pasaría con muchos de los ritmos negros de la costa venezolana. Las fabulosas orquestas cubanas condenaron a una virtual muerte prematura a esos ritmos. La presencia de la sonoridad cubana, por lo tanto ya era inevitable.
Estas palabras le pertenecen al autor de un libro clásico de la salsa latina, no le pertenecen a un cubano, sino a un venezolano que en un tremendo arranque de sinceridad publicó palabras tan importantes para la música de América.
De esa etapa, después se nutrieron muchos músicos, cantantes y orquestas, tomando prestados los ritmos cubanos, a veces con otros sellos y marcas de la salsa y demás. Pero, se sabe que Cuba siempre será la meca de los ritmos del continente.
¿Qué pasó en esa década de 1950?
En esa década confluyen varios fenómenos:
1-Había terminado la fatal Segunda Guerra Mundial, todo el planeta clamaba por una música que sirviera como báculo (alivio) y pujanza ante tanta desgracia.
2-Hay un despegue de los medios de información: (tocadiscos, radio, televisión, cine) y lugares de recreación.
Existía un antecedente muy favorable en Cuba: Esta década de 1950 estuvo precedida por un tiempo muy rico: Aparecen las grandes emisoras de radio, como Radio CMQ, y Warner (Radiocentro); salas como Teatro América, y Teatro Blanquita; nuevos ritmos como el mambo, y el jazz latino (cubano); y agrupaciones musicales como, Mario Bauzá y Los Afrocubans, la orquesta Melodías del 40, Orquesta América, Fajardo y sus Estrellas, la Banda Gigante de Benny Moré, y Dámaso Pérez Prado con la explosión del mambo (primera bomba atómica de la música cubana en el mundo), entre otras.
Década de 1950
Esta es la etapa de los fastuosos cabarets para ganar el turismo creciente (Sans Soucí, Montmartre y Tropicana) y los cabarets de grandes hoteles: Caribe del Habana Libre, Parisién del Hotel Nacional, Copa Room del Riviera y Salón Rojo del Capri.
Se produce la visita de muchas de las celebridades del mundo de la ciencia y la cultura de la época: Ernest Hemingway (instalado en Cuba desde los años 30), María Félix, Agustín Lara, Pedro Vargas, Cantinflas, Frank Sinatra, Nat King Cole, Marlon Brando, Sarita Montiel, Edit Piaf, y Maurice Chevalier, por solo mencionar algunos de los más conocidos.
En la música, el mambo domina la partida internacional desde 1950, hasta la llegada del chachachá en 1953. Tanto el mambo como el chachachá dominaron los salones y la vida musical en los Estados Unidos y muchos países del Caribe. En esa década Cuba se encuentra la cumbre de la música planetaria.
En el chachachá brillaron las charangas: Melodías del 40, América, Neno González, Aragón, Sensación, Sublime. Se mantenían los conjuntos Chappotín y sus Estrellas, La Sonora Matancera. Las grandes bandas de los cabarets y teatros: Riverside, Cosmopolita, Casino de la Playa, Hermanos Castro, Banda Gigante de Benny Moré.
Hay una pléyade de boleristas que hacen época: Orlando Vallejo, Roberto Faz, Fernando Álvarez, José Tejedor, Rolando Laserie, Orlando Contreras, Ñico Membiela, Blanca Rosa Gil…
Programas de la TV más favorecidos
Casino de la Alegría, Jueves de Partagás, Garrido y Piñeiro, Viernes a las 8, Cascabeles Candado, Miércoles musical, El show de Pepe Biondi, Fiesta a las 7 menos 5, y Show de sorpresas, entre otros muchos.
Entre las radioemisoras sobresalen: CMQ Radio, Radio Progreso, Radio Cadena Habana, Radio Aeropuerto Internacional, Radio García Serra, Radio Kramer, Radio Salas, Unión Radio, Circuito Nacional Cubano, Onda Musical del Oyente, Radio Musical, Radio Popular, Cadena Oriental de Radio, y Radio Siboney.
Los más destacados de 1959
Según una selección de columnista de espectáculos:
Arreglista Rafael Somavilla; Cancionera popular: Olga Guillot ; Cancionera dramática: Bertha Dupuy; Cantante afro: Celia Cruz; Cantantes Populares: Benny Moré, y Celeste Mendoza; Compositor más prolífero: Frank Domínguez; Romántica: Elena Burke; Mujer del año: Freddy; Orquestas Típicas: Fajardo y La Aragón.
Termina la década con la llegada abrupta de la pachanga: «Mamita que pachanga, / que buena es la pachanga», compuesta por Eduardo Davidson.
El 1 de enero de 1959 triunfa la Revolución, la sociedad asume un cambio radical y comienza una nueva era. Quedó atrás una época de desigualdades; pero no se abandonan los logros de los músicos cubanos que, en una total pobreza –muchos de ellos desamparados y humildes–, explotados por las firmas comerciales, dejaron una huella sobre la tierra para la historia. No fue una obra del sistema imperante, fue el fruto de los desfavorecidos que recogían la savia popular… la sabiduría nacional.
En video, Miguelito Valdés, uno de los grandes cantantes cubanos de todos los tiempos, quien brilló como ninguno en la década de los 50:








