Aceptaron la derrota, perpetuaron desquite

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22 de abril de 1961. Apenas una semana antes, el día 15, habían iniciado con los bombardeos aéreos en La Habana. Fue el preludio de la agresión por Playa Girón, dirigida por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA); y el 19, casi todos los mercenarios van a la cárcel.

 A los prisioneros corresponde, con sus declaraciones, aportar a la investigación.  Nadie asumió la responsabilidad de Playa Girón ni de nada; todos eran cocineros en la expedición. El padre Ismael de Lugo, capellán de la brigada de asalto, se refugió bajo el manto de la Virgen porque él solo quería que ella no sufriera al saber que existía comunismo.

Al principio todos lo negaron. Mientras caían las bombas sobre Cuba, el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, llamó a la ONU para que exigiera el cese de la agresión militar. Él explicó que su país estaba siendo agredido por una fuerza mercenaria organizada, financiada y armada por el gobierno de los Estados Unidos, proveniente de Guatemala y de la Florida.  El embajador estadounidense refutó tales acusaciones, y aseguró que eran totalmente falsas. Y Cuba enfrentó el ataque hasta el final, sin más opción que vencer.

Después bastaron unas horas para qué centenares de los capturados explicaron en detalle cómo habían sido contratados, entrenados, armados y embarcados por la CIA.

22 de abril 1961, John F. Kennedy asume responsabilidad de agresión mercenaria por Bahía de Cochinos.

Ante la acumulación de pruebas, el 24 de abril el presidente Kennedy tuvo que admitir la plena responsabilidad de la agresión. Y la derrota…

El fiasco de la invasión se hizo visible enseguida, al respecto no había nada que argumentar por parte de quienes la orquestaron. Las consecuencias comenzaron a ser mucho más profundas de las imaginables, pues el hecho fue blanco de toda clase de críticas y acusaciones tanto de la parte de medios políticos como de la opinión pública en general.

Tampoco se hizo esperar el desquite: en sólo unos días fue decretado el embargo total de las importaciones desde EEUU  a Cuba.

Las sucesivas administraciones de la nación norteña continuaron con el mismo objetivo, codificaron legalmente el bloqueo con la Ley Helms-Burton en 1996 y en las últimas tres décadas han destinado más de 261 millones de dólares a la subversión.

Algunos miembros de la brigada de asalto 2506 siguen vivos, participaron en otras acciones agresivas contra Cuba, apoyaron al presidente Donald Trump en su guerra económica de asfixia a la isla y 60 años después, aún esperan por la caída del gobierno revolucionario. Sin dudas, una derrota pendiente de declarar.

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