Editorial

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Cierra 2020. Se concreta el deseo de no pocas personas a escala universal. Se acerca el minuto que pone fin a uno de los años más difíciles de la era contemporánea, y estamos aquí.

Los cubanos despedimos un período cuyo inicio estuvo signado por las escaseces de todo tipo derivadas del bloqueo mil veces reforzado por la perversidad de los adversarios de la Revolución, y el asedio de una campaña mediática sin precedentes.

¡Nos tiraron a matar y estamos vivos!, recién había dicho el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y convocó al pueblo a desplegar toda su capacidad creativa y solidaria para continuar resistiendo y triunfando.

Entonces no se concebían tiempos peores para esta nación, hasta que llegó la COVID-19, la desconcertante pandemia que impuso de golpe cerrar las pocas puertas aún abiertas a la economía, y pudiera decirse que a la propia vida.

Tales circunstancias se agolparon sobre  la Isla de la Juventud, este suelo amado cuya doble insularidad demandó grandes desafíos para resistir, seguir viviendo y vencer.

Bajo la guía del Consejo de Defensa Municipal, integrado por una joven generación de líderes pineros con el apoyo de Grupo de Trabajo creado al afecto a nivel de país, se emplazó toda la logística para enfrentar la pandemia. Centros de salud, escuelas e instalaciones turísticas; y el desempeño del personal médico y parámédico, jóvenes estudiantes y trabajadores de varias esferas de la sociedad, se pusieron a tiempo completo en función de atender a los enfermos y contactos; y así frenar el contagio que en un primer momento afectó a 42 personas, de ellas 41 recuperadas.

Este accionar y la actitud preventiva y responsable del pueblo pinero en su mayoría, incluidos los niños, permitieron que la ínsula permaneciera alrededor de siete meses sin positivos a la COVID-19. Sólo posterior a la apertura de fronteras se detectaron algunos casos importados, los cuales recibieron los protocolos de tratamiento hasta su total recuperación; y a la fecha, desde el inicio de la epidemia, el territorio solo reporta poco más de 50 contagiados por el nuevo coronavirus.

Otra mirada atrás al aciago año que culmina, marcado en muchos lugares del mundo por la muerte y el abandono,  alienta al optimismo en esta Isla que late al Sur de Cuba: aquí no han existido brotes de COVID en hogares de ancianos ni casas de abuelos, ni en escuelas, ni en centros laborales, ni en instituciones penitenciarias.

Estos resultados tuvieron el respaldo de una sociedad que se mantuvo activa, aun en los meses en que se decretó cuarentena en tres consejos populares de nuestra geografía. A pesar de las cintas y signos que cerraban el paso a las zonas rojas, que sugerían el peligro y marcaban la distancia, los sectores productivos y de servicio brindaron lo esencial y mucho más para garantizar la alimentación y tributar a la economía.

Ello, y el acertado pensamiento estratégico de repartir entre todos las provisiones para la vida en familia, sirvió de soporte ante las carencias de casi todo, hizo menos tortuosa la espera en las colas, y puso freno a especuladores y oportunistas que nunca faltan en momentos de crisis.

Otro desafío de 2020 fue el retorno a las aulas. En un tiempo de nuevas sonrisas y de renuncia a los besos, nuestros niños y jóvenes vencieron el curso escolar truncado a mediados de marzo, e iniciaron con éxito el actual período lectivo. Reciban un fuerte abrazo desde la distancia los educadores que hicieron realidad esta proeza.

Hoy cae la última hoja del calendario; y el brindis es irrenunciable. Dejemos un espacio de lágrimas en nuestros corazones para todo lo que se perdió en 2020, que no fue poco, pero pongamos de fiesta el resto del pecho y brindemos:

Hagámoslo por los artistas pineros, que no dejaron de crear, ni de tocar, actuar, y bailar para nosotros con el rostro a medias y todas las expresiones en los ojos; por Los Piratas, equipo de béisbol que no se ha cansado de jugar y ganan por vergüenza deportiva y por alegrarnos, sin importar el botín.

Alcemos las copas, por ese talento natural que tenemos para salvarnos y salvar: las palmas para el personal  sanitario que aquí acumula 365 noches sin haber dormido bien; y para los más de más de 20 pineros integrantes de la brigada Henry Reeve que han combatido la pandemia en países hermanos.

Llega 2021. Sin dudas, un futuro de retos. Pero bienvenido: enfrentaremos la cotidianidad cuidándonos y cuidando a la familia, con las novedades del ordenamiento monetario; y en el primer semestre seremos la única población de América Latina y de las pocas del mundo que estará inmunizada contra la COVID-19 con una vacuna de producción nacional.

¡Dejemos al viento las banderas! ¡Adiós 2020, más que un año, un siglo donde salieron a flote muchos de los males de este mundo y lo mejor de cada uno de nosotros! ¡Adelante 2021, adelante Isla de la Juventud!

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