Guillén presente, su poesía resume el espíritu de Cuba

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Hay voces que ni con la llegada de la muerte pueden ser calladas; voces que continúan en la cotidianidad de la vida por la inmensidad de su alcance, por la profundidad de su mensaje. Una de ellas fue la del poeta nacional Nicolás Guillén, quien falleciera el 16 de julio de 1989.

Autor de una vasta obra, representativa de la cultura cubana, a Guillén se le recuerda también como presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y de miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, como Hijo Distinguido de su natal ciudad de Camagüey, adonde regresaba para contemplar los parajes de su niñez.

Hoy, 31 años después de su deceso, de él Cuba evoca su contagioso humor criollo y esa fina ironía que sabía manejar a las mil maravillas en defensa de la nacionalidad; sus aristas de conversador incansable y locuaz, constante admirador de la mujer cubana y amante de veladas familiares.

Entre lo más recurrente de sus textos figura “Motivos de son”, libro que marcó su madurez y representó un verdadero acontecimiento cultural. Originalmente eran ocho poemas, escritos con la cadencia verbal del ritmo sonoro cubano conocido como Son, y actualmente como Salsa. Se titulaban “Negro Bembón”; “Mi Chiquita”; “Búcate plata”; “Sigue!”; “Ayé me dijeron negro”; “Tú no sabe inglé”: “Si tu supiera” y “Mulata”.

Después vendría “Sóngoro Cosongo”, donde sus sones alcanzaron la naturalidad de otras formas poéticas que concibió después, y donde captó con gracia criolla el sentimiento más profundo de la cubanía.

Con el fallecimiento del poeta nacional Nicolás Guillén, como sucede con todo lo que brilla con luz propia, de él nunca se podrá hablar en pasado. Está presente, aquí su poesía, una lírica que por mucho es el espíritu de la nación.

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