Invitación a callar cuando es preciso

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Por: María Caridad Esquivel Díaz

Los primeros días, las noticias, reportajes, crónicas y artículos de opinión alrededor del coronavirus se mezclaban con el deporte, la cultura y la política mirados desde otras aristas; pero a medida que la pandemia ha ido convirtiéndose en el eje de nuestras vidas, esta se apoderó de la información hasta el punto de que si aparece una publicación que no trate de la plaga y sus consecuencias, parece una rareza.

Hace poco, un amigo -profesional de la palabra que nunca ha perdido ni la perspectiva ni el tino ni el filo- me confesó, después de una ligera catarsis vía Messenger, que le parecía mejor desviarse un tanto de la línea editorial y seguir su instinto de ser original y escribir sobre temas que nadie espere, diversos… que demuestren que hay vida más allá del virus.

“Pero no, no ‘sale’ nada que muestre por separado lo uno de lo otro”, me dijo. Y sigue ahí, al pie del cañón -desde el confinamiento que en su caso es obligatorio por sus casi 70 años de edad y padecer insuficiencia renal- ‘dando trigo’ al interés de casi todos en informarse acerca de la #COVID19😷, sus variables, sus cifras, sus historias entrañables y su lado maldito.

Muchas veces veo, en la bien bautizada ‘barriada’ de Facebook, que sus post están en el ranking de corazones y reacciones bellas. Bellas, repito, en franca línea con lo bello como categoría estética y en contraste con tanta frivolidad: de flores y banderas le mantienen llena toda la página. Parafraseo esto último con licencia del autor de ‘…la niña mala’, que no lo era, según reza en las entrañas de la canción. Y es que el profe, mi amigo, como dije antes, va siempre a lo esencial.

Así no sucede con todos, corazones y arrullos aparte. A otros se les acaba ‘la bomba’ para escribir alrededor del coronavirus, y de las musas solo llegan causas que no ayudan ni fortalecen ni añaden; y no se callan ni cuelgan la pluma hasta que vengan tiempos mejores. Todo, a sabiendas de que hay temas que entierran, aunque se tenga la vida.

A ellos, les convido a callar. El hecho de que hayan seres queridos que vivan y respiren a pesar de los pesares, merece mejor el silencio ese que hace falta para agradecerles con toda el alma a los médicos y al mismísimo Dios, que caer así, burdamente, en la palestra.

Se sabe qué #Cuba🇨🇺 y las autoridades que lideran bajo fuego cruzado el enfrentamiento a la epidemia son vilipendiados en las redes sociales por una banda sin escrúpulos. Entonces, el deber es no avivar odios ni cardos; mucho menos si la batalla grande de verdad ya está ganada.

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