La compañía que dirige Carlos Acosta presenta en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso una pieza de decidido lirismo y peculiares contrastes…
El brasileño Juliano Nunes ha enriquecido el repertorio de Acosta Danza con una obra de decidido lirismo e interesantes contrastes: Mundo interpretado. Se trata de una visión inspiradísima de la idiosincrasia de un grupo (se pudiera asumir metáfora de un pueblo), que se regodea en delicadas atmósferas sin perder su fuerza raigal.
Las flores de loto que ubica Glenda León en el diseño visual
dialogan con la música de Pepe Gavilondo: no es que se complementen, más
bien recrean extrañamientos que muy bien aprovecha la pauta
coreográfica. El coreógrafo rehúye del lugar común: la danza va del
impulso ardoroso a la placidez sin hacer concesiones populistas ni
alardes conceptuales.
Hay dominio del espacio, suficiencia en el vocabulario, capacidad
de equilibrar dinámicas para que la “cuerda” se tense y se combe, sin
que llegue a romperse. Y va aflorando una belleza ardua, que hacia los
finales se consolida en un dúo aparentemente “anticlimático”, pero que
llega a convencer por su talante poético.
El título ofrece la clave: se trata de interpretar el mundo en un
ejercicio que pretende ir más allá de la superficie. No es crónica de
la cotidianidad, sino una zambullida en las esencias, en los hilos
invisibles que nos mueven.
El compromiso del elenco es ejemplar: la técnica resulta
brillante, pero lo más importante es que saben decir con el movimiento.
Bailan lo que ya han asumido como una verdad, algo muy propio.







Tomado de Cubasi








