¿Por quién votan los pueblos?

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Ahora que en Bolivia el Movimiento al Socialismo ha recuperado a pie de urna el poder que le fue usurpado por la oligarquía y la OEA bajo de égida yanqui en noviembre último, renace el ideal boliviano y se renueva la esperanza en varios países donde han campeado los designios imperiales.

Aunque reconoce que la nación andina debe permanecer alerta en las próximas jornadas, Cuba celebra esta victoria del Partido de Evo Morales Ayma, quien otrora electo presidente, devolvió a su pueblo las riendas del país, tras más de un siglo de coloniaje. Y ahora, próximas las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en la tierra de Martí y Fidel se corrobora que los pueblos sí son capaces de imponerse.

La Mayor de las Antillas se soltó de la suela imperial hace más de seis décadas. Cuba eligió su suerte y es libre; pero ejercer ese derecho le ha costado. Ahora sufre otro apretón brutal del cerco económico, comercial y financiero impuesto desde 1961 por los sucesivos gobiernos de la nación norteña, sin que estos reaccionen a la condena que por más de 30 años ha recibido dicha política en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Más que eso, una de las cartas de triunfo de Donal Trump, actual mandatario y candidato por el Partido Republicano en la contienda electoral norteamericana 2020, son las miles de personas inocentes que carecen de alimentos y medicinas en este pequeño país, tras haber promovido, en pleno auge la COVID-19, más hambre y penurias para los cubanos. Y promete más, juega sucio.

Todo, de lejos, claro está. Por eso aquí, como en ocasiones anteriores, se cree en el parecido que hay entre republicanos y demócratas cuando de política hacia Cuba se trata, y se siguen las presidenciales estadounidenses con un interés más enfocado en la información, que en el candidato que resulte ganador. Sin embargo, esta vez es innegable que una derrota de Trump frente al demócrata Joe Biden, nos daría un buen alegrón.

Y no se trata de que veamos posible la plena aplicación de la “nueva política” del gobierno de Estados Unidos hacia la Isla de la que en algún momento ha hablado Biden -recordemos que al menos tendrá por delante 4 años de desempeño en un país donde reside una comunidad cubano americana muy hostil hacia su tierra y que a lo interno tiene determinada fuerza- sino porque al menos podrían dejar de existir los grotescos elementos de confrontación y rivalidad hacia Cuba que adoptó el gobierno de Trump durante el mandato.

Son inadmisibles el cierre de la embajada de los Estados Unidos en La Habana, que no se puedan emitir visados y el resto de los servicios consulares; el cierre del Programa de Reunificación Familiar; la prohibición de que las aerolíneas estadounidenses vuelen a las provincias cubanas; no permitir relaciones financieras y comerciales, ni intercambios científicos y culturales entre ambos pueblos.

Obviamente, no tendrán en cuenta esto último quienes elegirán a su presidente entre Donald Trump y Joe Baiden el venidero 3 de noviembre, pero son seres racionales y deberán votar a favor de la cordura y la decencia, y en contra de la inmoralidad del ser humano y la depauperación del sistema político de su país. En situaciones extremas, los pueblos saben lo que hacen: miren a Bolivia.

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