Increíbles olvidos de un cubano en la Convención Republicana.

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Durante la celebración de la Convención del partido republicano para denominar a Donald Trump como candidato a la presidencia, intervino Máximo Álvarez, un cubano que llegó a Estados Unidos en 1961, dentro del grupo de 14 mil 48 niños enviados por sus padres sin acompañantes, como parte de una Operación de guerra psicológica de la CIA iniciada en diciembre de 1960, denominada Peter Pan, apoyada por la Iglesia Católica. 

Dicha Operación fue diseñada para atemorizar a los padres cubanos con la mentira de que, “el gobierno revolucionario cubano los privaría de la patria potestad de sus hijos, enviándolos a la URSS para lavarles el cerebro”.

Así se iniciaba la campaña de que los cubanos “huían del comunismo” y por tanto Estados Unidos los acogía sin más requisitos.

Pero Álvarez se olvidó en su discurso de relatar los horrores que aquellos 14 mil niños sufrieron, al encontrarse solos en centros y orfanatos, muchos sin condiciones, y que la inmensa mayoría de ellos no volvieron a ver a sus padres hasta muchos años después, debido a que Estados Unidos no otorgaba visas, situación que dejó en esos niños huellas psicológicas para toda la vida.

Lo que hizo el gobierno yanqui con aquellos cubanitos, no lo hacen con otros emigrados latinoamericanos que buscan una vida mejor, porque esos no les sirven para hacer campañas políticas contra el comunismo, pues realmente huyen del capitalismo salvaje que no les permite crecer y desarrollarse en sus países.

Tampoco mencionó en su discurso, que él pudo estudiar y hasta triunfar, porque en diciembre de 1960 el presidente D. Eisenhower, aprobó la creación del primer Centro de emergencia de Refugiados cubanos en Miami, para los que arribaban a los Estados Unidos, aun sin visas y que al año siguiente la administración Kennedy, inició el Programa de Refugiados Cubanos (Cuban Refugee Program), destinado a facilitar la integración de los “exiliados” de la Isla, en los Estados Unidos.

Ese programa contemplaba una ayuda financiera para la atención y la protección de los niños, sin acompañantes, de la Operación Peter Pan. Brindaba servicios de salud, a través del programa de asistencia financiera completados por los servicios de salud para niños y otras disposiciones necesarias. Una asistencia federal para los costos de sus estudios en escuelas públicas, con oportunidades especiales de formación y de enseñanza solo para los cubanos.

Al parecer Máximo Álvarez se olvidó de eso y de ahí que afirmara en la Convención que: “No me dieron nada gratis, me dieron la oportunidad, que es la cosa más valiosa en el mundo”
Sin aquel apoyo que en 1961 contaba con un presupuesto de 4 millones de dólares en 1961 y de 38 millones de dólares en 1962, hasta alcanzar la cifra de 144 millones de dólares en 1972, su futuro sería similar al de cientos de miles de latinos que trabajan como jornaleros en el campo, empleados domésticos, obreros de la construcción y otros trabajos por el estilo.

¿Por qué no le permitieron intervenir en la Convención a un mexicano, que ni triunfó ni sus hijos han podido legalizar su estatus migratorio, a pesar de haber nacido en Estados Unidos?

¿Cuál es el presupuesto aprobado para que miles de emigrados, no cubanos, puedan tener iguales facilidades de triunfo en ese país?

Recordemos que el Cuban Refugee Program, estuvo vigente por 15 años y le costó al tesoro estadounidense la suma de 727 millones de dólares.

En sus declaraciones a El Nuevo Herald, Álvarez afirmó que con su discurso pretendió “darle una lección para todos los que no comprenden el privilegio de vivir en Estados Unidos”, olvidándose de que solo los cubanos tuvieron esa oportunidad, como también son los únicos que cuentan con una Ley Pública 89-732, conocida como “Cuban Adjustment Act”, o “Ley de Ajuste Cubano”, aprobada el 2 de noviembre de 1966, por el presidente Lyndon Johnson, que les permite permanecer en ese país y a los 366 días solicitar la residencia legal, con permiso de trabajo.

Para los que huyen del hambre, la miseria, las enfermedades curables, el analfabetismo y el desempleo, no hay ningún programa especial, porque eso solamente fue para los cubanos que “no querían vivir bajo el comunismo”, ese sistema que le ha permitido a los cubanos alcanzar triunfos impensables antes de 1959, como ser campeones olímpicos; obtener premios Grammy; tener filmes nominados al Oscar y otros lauros mundiales del cine; científicos de talla internacional que crean vacunas como la meningocócica, contra el cáncer de pulmón, cuello y próstata, el interferón recombinante y el más  reciente descubrimiento contra la Covid-19, aun en ensayos clínicos.

Gracias al socialismo, todos los cubanos tienen un sistema de salud totalmente gratuito, que incluye 12 vacunas, algo que no poseen los estadounidenses; estudian desde prescolar hasta la universidad sin pagar un solo dólar y acceden a escuelas de arte y de deporte en todo el país.

Por esos motivos los yanquis mantienen y refuerzan constantemente su despiadada guerra económica, comercial y financiera, para tratar de impedir que el modelo socialista cubano sea imitado, pero a pesar de tantas sanciones Cuba le muestra al mundo su espíritu solidario, formando gratuitamente a miles de africanos, latinoamericanos y asiáticos en sus escuelas y universidades, además de ayudar a salvar vidas en los rincones más oscuros del planeta, lo que hace rabiar a esos yanquis que, para su desgracia, no pueden apagar el ejemplo del socialismo cubano, pues como afirmó José Martí:

“Con los ejemplos sucede que es más fácil censurarlos, que seguirlos”.

Tomado de RHC

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